Rueda solar

Si nos fijamos en el viaje que la Tierra hace alrededor del Sol podemos ver 4 etapas bien marcadas, que son conocidas como las 4 estaciones del año. Cada estación se diferencia claramente de las demás por una serie de características que son fruto de la relación con el Padre Sol. Estas características son las que van haciendo modificar todo lo que mora sobre, bajo y en la Tierra, incluyéndonos a nosotros.

Cuando nuestra supervivencia dependía exclusivamente de la Naturaleza: caza, agricultura, recolección… estábamos totalmente en sintonía con lo que sucedía en nuestro entorno. Sin embargo, al ir alejándonos del campo y llegando a las ciudades, nuestras necesidades y nuestra supervivencia varió, y también varió nuestra relación con la Naturaleza y sus ritmos.

De tal manera, que casi podemos llegar a vivir ajenos a lo que suceda en el exterior. Podemos llegar a tener 30ºC en el interior de nuestras casas cuando fuera hay un temporal de nieve a -2º, tenemos hielo para nuestras neveras en pleno verano, existen invernaderos para nuestras cosechas, tenemos criaderos para no tener que cazar, etc.

Hemos relegado la Naturaleza a un segundo plano y esto nos ha traído más de un desbarajuste. Pero por supuesto, la propia naturaleza nos da su ayuda.

Entre estas 4 estaciones tan definidas en nuestras tierras existen, en el contexto de la Rueda Solar, otras 4 fechas intermedias, que, si las tenemos en cuenta, nos irán dando las pautas para poder volver a unirnos a los ritmos naturales y al fluir natural.

“Escuchar lo que pasa afuera me ayuda a escuchar lo que pasa adentro”.

Fechas de la Rueda Solar

  • Samhain: 1 de noviembre – TIERRA
  • Solsticio de Invierno – Yule: 21 de diciembre
  • Imbolc: 2 de febrero – AIRE
  • Equinocio de Primavera – Ostara: 21 de marzo
  • Beltane: 1 de mayo – FUEGO
  • Solsticio de Verano – Litha: 21 de junio
  • Lughnassadh: 2 de agosto – AGUA
  • Equinocio de Otoño – Mabon: 21 de septiembre

Solsticio de Verano

En este momento del año el Sol se encuentra en su momento más alto, en su Zenit. Recibimos su fuerza e inconscientemente nos hace recordar los momentos cumbre de nuestro año: cuando nos hemos sentido más iluminados, más calentitos en el corazón…

Sin embargo, también es el día en el que comienza su declive, ya que poco a poco irá luciendo un poco menos, acortando los días cada día un poco más y más… Llevándonos de la mano hacia el precioso otoño. ¡Qué Sabio Mensaje nos envía la Naturaleza en tan sólo unos instantes!

Y es que, todo, absolutamente todo está en continuo movimiento. Lo que ahora está arriba, luego estará abajo y volverá a subir. En un continuo girar… Así que observando y adentrándonos en la Rueda Solar, nos armonizamos con el todo. Todo es naturalmente sencillo.

Aceptando, confiando, amando la Naturaleza, a nuestra propia Naturaleza… pues lo que es afuera, es adentro. Todo es uno, todos somos uno. Todo está unido: los humanos, las plantas, los animales, la Luna, el Sol… El Universo entero vibra al unísono. ¡Qué bello el sentirnos en compañía y sentirnos parte del TODO!

Samhain

Este día es uno de los más importantes dentro de las ocho celebraciones de la Rueda Solar, ya que los Celtas lo consideraban su Año Nuevo. Para ellos, los días comenzaban al anochecer, de la misma forma, al comenzar la parte más oscura (sin sol) del año comenzaba también su Año.

En esta noche del 31 de octubre al 1 de noviembre, el velo entre los mundos es más fácil de traspasar y por ello es una noche destinada a honrar a nuestros antepasados, a la Magia y a la Adivinación.

Es tiempo de introspección… las cosechas ya se recogieron y con ellas se acabó el trabajo fuera de casa. El frío, los vientos y la lluvia nos llevan dentro del hogar y nuestro cuerpo y mente, al igual que la Madre Tierra, comienzan a aletargarse. Comienzan a dejar que las cosas ocurran, y en ese dejar puedes ir todo lo profundo que quieras ir, es tu momento.

Seguro que ya has empezado a ir hacia dentro, quizá sin darte cuenta. Quizá ya estás recordando esos dulces que te hacía la abuela, esas comidas ricas de tu niñez con toda la familia, esos olores, esos sabores que nos unen directamente a nuestras raíces y a nuestros ancestros.

Es por lo tanto una de las vías más directas para entrar en contacto con su esencia de Amor en nosotros. En este maravilloso día dedícale un guiño al otro lado, preparando esas comidas del ayer. Y mientras lo haces, recuerda: aquellos momentos juntos con los que ya partieron, recuerda su sonrisa, su voz, su tacto, su olor… Ríe y llora, recuérdalos con todo tu sentir. Pues no hay mejor manera que honrar a los tuyos que mostrar su luz dentro de ti.

Sé la alegría de tu padre, la garra de tu abuela, la paciencia de tu abuelo, la inocencia de tu amigo, la fidelidad de tu perro…. ¡Recuerda que es una celebración! Así pues, honraremos a los nuestros hablando de ellos, de sus cualidades bellas, de su Amor, de la huella que dejaron en nosotros y que nos hacen lo que somos hoy en día. ¡Haz que esa parte de ellos brille bien bonita en ti! Y escucha dentro de tu corazón, ya que seguro que eres capaz de sentir su Amor desde ese más allá que hoy está tan aquí.

Solsticio de Invierno

Y la rueda solar gira y gira…y nos encontramos en invierno. El Norte, gobernado por el verde en la tierra, el silencio, el frío, la calma… El poder de la Naturaleza es palpable en cada árbol, cada piedra… y en estos momentos el blanco se torna blanco gélido, silencio, quietud.

El 21 de diciembre celebramos el Solsticio de Invierno: el día más corto del año y la noche más larga. Desde Samhain hemos tenido más horas de oscuridad durante el día que de claridad. En Yule la oscuridad llega a su cúspide. A partir de este día, el Sol despierta de su sueño y la Tierra, que en esta época se encuentra descansando, ayudará al Sol a volver.

Lo físico adquiere gran importancia y somos más conscientes de nuestros cuerpos, de cuidarnos para no enfermar por el frío, de los dolores musculares por las bajas temperaturas… Nuestros cuerpos se hacen más grandes guardando para cuando no haya. Es momento de cuidarnos y de mimarnos, y el cuerpo como la tierra comienza a despertar de su letargo.

Es tiempo de descansar en el interior de los cálidos hogares, para simplemente estar a la espera. A la espera activa del que confía en que todo está justo donde debe estar, y por ello está atento a cuándo ha de moverse, hacia dónde, cómo ha de hacerlo… El para qué, yo me lo sé. Es tiempo de recordar tradiciones, tiempo de escuchar viejas leyendas, tiempo de recordar quiénes somos y ahondar en nuestras raíces.

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